zuko0224
En aquellos tiempos donde el incienso y las bálsamos curativos unían, donde mercaderes vivían al día y donde Jerusalén era peleada por todos y para todos.
Existió una historia, una historia jamas contada, una historia que se mantuvo bajo llave, que se quedaban bajo los aposentos del rey, bajo las vendas de aquel nombre condenado un dolor infernal, bajo esa túnica blanca impecable, bordada con hilos de oro, formando una cruz que afirmaba su fe y que gritaba en silencio:
"Yo soy Jerusalén".
Una historia de amor condenada al dolor, a la traición, a la manipulación.
Dos jóvenes condenados a un dolor eterno.
Dos almas conectadas, un solo destino,...
La muerte.
Aquella injusta y llena de dolor, donde uno descansa bajo el amargo sueño eterno y la otra respira pero muerta en vida.