Sulvyzn
La música de la fiesta aún retumbaba en sus oídos cuando Jennie abrió los ojos aquella mañana. La luz del sol se filtraba sin piedad entre las cortinas de una habitación que no era la suya. A su lado descansaba una melena rubia platino desordenada sobre la almohada, y un brazo delgado reposaba perezosamente sobre su cintura.
Lisa.
Se suponía que solo sería una noche. Una noche loca, sin ataduras, entre dos chicas que habían llegado a la fiesta acompañadas de sus grupos de amigas y que terminaron perdiéndose la una en la otra.
Pero las consecuencias llegaron con latido propio.
Meses después, en una clínica privada de Seúl, ambas observaban la pantalla en blanco y negro mientras dos pequeños puntos latían al mismo tiempo. Mellizos. Lisa estaba embarazada de mellizos.
Jennie, quien siempre había sido la más fría y controlada, sintió que el mundo se le venía encima y, al mismo tiempo, se abría de par en par. Ella había sido quien, en medio de esa noche de pasión desenfrenada y sin protección, había dejado su marca más profunda en Lisa. Ahora esa marca se convertía en dos vidas que crecían dentro de la mujer que apenas conocía, pero que ya no podía sacar de su mente.
De una sola noche de tequila, risas y deseo prohibido, había nacido el fruto más inesperado de su unión.
Ocho meses después, las dos se encontraban convertidas en mamás primerizas: exhaustas, asustadas y profundamente enamoradas de dos bebés que aún no conocían, pero que ya lo habían cambiado todo.
Jennie observaba a Lisa, quien con torpeza mecía su enorme barriga mientras intentaba bajar las escaleras de su nuevo departamento. Una sonrisa tierna se dibujó en sus labios al comprender la magnitud de lo sucedido.
Una noche había bastado para convertir a dos desconocidas en madres.
Dos mellizos.
Dos mujeres que apenas se conocían.
Y un amor que empezó como un error... y terminó siendo su mayor destino.