Phausto
Ha-yoon muere empujada a una horda de zombis por los secuaces del estudiante más rico del campus, mientras sus compañeras de cuarto -a las que mantuvo con vida durante una semana- la obligaron a salir a buscar comida. Pero en lugar del final, despierta tres días después convertida en una zombie. Y, contra todo pronóstico, aún piensa, aún siente, aún es ella.
Ahora, diez meses después del apocalipsis, Ha-yoon ha convertido la universidad en su territorio. Ha evolucionado hasta el tercer nivel consumiendo los cristales que crecen en los cerebros de otros infectados. Su piel ya no es gris, posee garras retráctiles, una habilidad de almacenamiento del tamaño de un almacén industrial y una torre fortificada que ella misma construyó: Eunwol, su tesoro personal. Todo lo que nunca tuvo en vida -un lugar propio, poder, recursos- ahora lo posee.
Pero el hambre de núcleos es insaciable, y los zombies de su territorio se están agotando. Por primera vez en meses, Ha-yoon debe abandonar su refugio y adentrarse en las calles heladas de Incheon. No sabe qué hay afuera. No sabe si los humanos han desarrollado habilidades. No sabe si existen zombies más poderosos que ella.
Solo sabe que tiene hambre, que no piensa volver a mendigar nada de nadie, y que si alguien intenta quitarle lo que es suyo... los recibirá con sus garras bien afiladas.
Porque en el apocalipsis, ser una zombie consciente no es una maldición. Es su mejor ventaja.
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Nota: Está es una historia original, mi escritura no es la mejor, pueden haber inconsistencias, pero trataré de mantener el hilo narrativo lo mejor posible.