Laureania
-No me odias, Sallow. Lo que pasa es que no sabes qué hacer conmigo.
-Claro que sé, Light. Pero es más divertido no hacerlo. De momento.
Ella es luz. Gryffindor. De las que ganan duelos y no se callan jamás.
Él es sombra. Slytherin. De los que sonríen cuando pierden porque ya están planeando cómo ganar la revancha.
Enemigos desde que ella lo venció dos veces y su orgullo se negó a aceptarlo. Rivales que chocan en los pasillos, en clase, en la Sección Prohibida a medianoche. Se insultan con ingenio. Se buscan sin admitirlo. Se rozan y el castillo entero aguanta la respiración. Jaque.
Cuando llega el Baile de Navidad, Luana mueve ficha: irá con Ominis. El mejor amigo de Sebastian. El perfecto caballero que besa la mano y no necesita mirarse al espejo cada cinco minutos. Mate.
Pero Sebastian solo ríe. Esa risa. La peligrosa.
-¿Con Ominis? Perfecto, leona. Cuando te canses del caballero andante y quieras fuego de verdad... no diré «te lo dije». Bailaré contigo sin música y haré que olvides hasta tu apellido.
Un enemies to lovers de los que muerden. Química explosiva, sarcasmo y un pulso constante donde ninguno de los dos está dispuesto a rendirse primero.
Y en la muñeca de Luana, un lazo negro. Tres años seguidos sin que nadie lo toque. Hasta que una noche, en un arrebato, Sebastian Sallow la sujeta con fuerza justo ahí... exactamente donde su madre le advirtió que alguien lo haría.