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El mundo entero cree saber lo que pasó cuando el nombre de Bad Bunny resonó en los grammys, dejando a Sabrina Carpenter en el segundo puesto. Para TikTok, fue un desplante; para Twitter, fue un flechazo. Pero para ellos, fue el inicio de un contrato no escrito entre el reggaetón y el pop.
Tras el viral "incidente de la mirada", la presión mediática es insoportable. Lo que comenzó como un gesto de admiración silenciosa por parte de Sabrina se convierte en una cacería de brujas por parte de los paparazzi. Sin embargo, en la exclusividad del After Party, lejos de los teleobjetivos, la narrativa cambia: Benito no sube al escenario como un ganador arrogante, sino como un colega genuinamente impresionado por el talento de la "chica del pop".