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2 stories
Príncipe Hwang by ViviDeBinnie
ViviDeBinnie
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Existen oraciones que se pronuncian con la secreta esperanza de que nadie las escuche. La paz, esa frágil ilusión restaurada tras la caída del reinado vampírico, se sostenía sobre una mentira piadosa: que los verdaderos monstruos habían quedado sepultados bajo la tierra. Para ti, la calidez de un hogar y el sentir los brazos de Chan rodeándote era lo necesario para saber que la maldad había terminado. Dentro de ti crecía una nueva vida, blindada por el amor de un hombre que había renunciado a la eternidad por verte sonreír. Sin embargo, la calma nocturna no era más que una ilusión antes de la tormenta. Una mirada fugaz a través de la ventana, un destello carmesí entre las sombras hicieron temblar todo lo que creías calmado, sembrando una única duda: ¿realmente la muerte tiene la última palabra? A pocas calles de allí, la noche devoraba a sus propios hijos. Aquel que una vez vistió la sotana y predicó la fe, hoy caminaba erguido como el heredero de una maldición más antigua y cruel. Hyunjin no había regresado del infierno como una víctima; había vuelto como un príncipe renacido de la mordedura del mismo Diablo. Sin humanidad, sin piedad y alimentándose de quien estuviera en su presencia. El Conde renunció a sus colmillos para ofrecer vida, pero el Príncipe los aceptó para mostrar... que él era el nuevo mesías. Segundo libro de "El Conde Bahng".
Perro negro by ViviDeBinnie
ViviDeBinnie
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Continuación de Rosa Pink. A Kim Seungmin nunca le gustaron las etiquetas, pero el mundo insistía en ponerle una. «Perro negro» era su apodo. Y no por su seriedad ni por su lealtad, mucho menos por su pelo o porque mordiera primero, sino... ...porque nadie lo veía venir. Desde fuera, su papel era simple: hacer que las piezas cayeran donde debían, empujar a los monstruos fuera del tablero y permitir que otros se llevaran el crédito. Él era un fantasma necesario, el silencio y las sombras sus únicas aliadas en sus misiones. Sin embargo, apareciste tú y... le pusiste una correa justa a su tamaño. Porque incluso el mejor cazador pierde el rumbo cuando algo (o alguien) deja de ser un objetivo y se convierte en un deseo. ¿Podrá el pobre Seungmin equilibrar su vida contigo con la clandestina?