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En tiempos antiguos y memorables se mencionó una leyenda que pronto se descubrió que era una maldición. Se hablaba de que el sol tendría un hijo, que estaría dividido en dos, siendo mitad Dios y mitad demonio gracias a la Luna. Días de frío y noches de agua él regresaría a la tierra, solo para destruirla al no encontrar la luz que solía habitar en ella.
La Luna en su eterno egoísmo solía sembrar dudas a su alrededor, solo para que el Dios probara el sabor amargo de estas, volviéndolo loco a veces y un poco violento en ocasiones.
El León lloraría sangre cuando el Dios cayera, la ninfa renacería y la muerte danzaria gustosa sobre ellos. Leonas de rubio esplendor amarían y hienas venenosas caerían.
'¿Podras lograr esto, Dios?' Susurrando siempre la luz le decía 'Porque podría jurar que no.'