BeastFics
En este tejido de realidad retorcido y cruel, Kenjaku no solo alcanzó la perfección; sobrepasó los límites de su propia ambición obscena. Lo que realizó no fue un experimento común, ni la simple forja de un recipiente para albergar a un antiguo mal. No. Lo que Kenjaku engendró fue una aberración absoluta, una catástrofe viviente, un error divino: una bestia con una sed de sangre insaciable, cuyo apetito por la batalla solo es comparable a la voracidad de un agujero negro.
Se alza ante el mundo como un monstruo carmesí, una entidad cuya mera presencia altera la presión atmosférica y hace que el aire mismo se vuelva pesado, asfixiante. Su nivel de poder no es simplemente destructivo; es una afrenta a la lógica, alcanzando picos que dejan en ridículo a los hechiceros más formidables de la actualidad, superando, quizás, incluso a las leyendas que han quedado enterradas en las páginas más sangrientas de la historia.
Es un Rey Demonio, un soberano del caos que camina sobre la tierra, pero que habita en un calvario eterno. Dentro de esa fachada de pesadilla, late todavía el corazón de un adolescente noble, un alma pura atrapada en una jaula de músculos, colmillos y energía maldita desenfrenada. Yuji vive en una guerra civil constante: es un prisionero de sus propios instintos salvajes, una bestia que lucha cada segundo de su existencia para no ser devorada por la oscuridad que le dictan sus venas.
Cada paso que da es un esfuerzo titánico, una lucha agónica contra la tentación de ceder, de soltar la cadena y permitir que el monstruo tome el control total. Su mayor miedo no es la muerte, ni el dolor; es el terror absoluto de perderse a sí mismo y que esa fuerza devastadora despierte para convertir en cenizas aquello que más jura proteger: a sus seres queridos.
Él es la contradicción encarnada, la tragedia hecha carne, la parodia de la humanidad convertida en arma definitiva.
Es la Bestia Maldita nacida para la guerra... ¡Yuji Itadori!