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Lamine soñó toda su vida con levantar la Copa del Mundo.
Lo que nunca imaginó fue que, para conservar al chico del que se había enamorado durante el torneo, tendría que ganarla.
Porque el padre de Mora fue muy claro:
-Solo podrás estar con Gilberto si ganas el Mundial.
Entre entrenamientos, hoteles compartidos, bromas entre selecciones, promesas susurradas y noventa minutos capaces de cambiar una vida entera, Lamine descubrirá que existen partidos que se juegan mucho más allá del césped.
Al final, quizá el trofeo más importante nunca fue una copa.