Bibiiii143
Jeongin, un joven de 17 años, tenía un alma sensible, aunque hacia el exterior se mostrará fuerte. Su vida avanzaba por un camino retrógrado: buscar una universidad, un empleo y aceptar una existencia esclavizada a un sueldo injusto y jerarquías inquebrantables eran cosas que sabía que no podía cambiar. Aun así, trataba de continuar.
Junto a sus amigos vivía una etapa que no era del todo adulta ni completamente infantil. Disfrutaban de sus últimos meses de vida tonta, estúpida y sin demasiadas responsabilidades. Al ser el menor, aún le quedaba tiempo antes de dejar de ser un adolescente torpe e inútil. En unos meses, casi un año, se convertiría en adulto; legalmente, claro, porque muchos, incluso con dieciocho, seguían siendo igual de inmaduros que niños.
Sin embargo, aquello no lo atormentaba. Sabía que tenía lo necesario: no le debía nada a nadie, y todos parecían estar agradecidos con él. Era consciente de que el futuro sería difícil: un arriendo que pagar, alimentos, estabilidad médica, gastos en suministros. Lo sabía, pero estaba bien económicamente y esperaba una vida tranquila.
No obstante, su vida tenía una sola preocupación. Algo que podía llamarse destino, o un error, aunque él prefería decirle problema. Durante años había estado enamorado de su mejor amigo, Bang Chan. Simplemente no podía dejar de amarlo. Era lo único que no le permitía dormir en paz.
Sabía que no podía contárselo a sus amigos. Todos eran conscientes de que Chan tenía pareja, y si alguno lo sabía, lo único que causaría serían malentendidos y problemas aún mayores. Jeongin entendía que no podía dañar una relación estable solo por un amor imposible.