Ellos creían que su romance adolescente seria eterno, hasta que la vida les dio un golpe feo y cayeron en la realidad, años después se volverían a reencontrar sin saberlo.
Ellos son como el agua y el aceite. Ella, una cheta acostumbrada a lo mejor. Él, un turro del barrio con más chamuyo que vergüenza. Cuando sus caminos se cruzan en River, el choque es inevitable.
Una sola palabra. Siete letras. DESTINO.
Ese que a veces es jodido, y para ellos siempre lo fue.
Se amaran o se odiaran, no importaba.
Ya estaban marcados.
Ya estaban DESTINADOS.