mori230306
En una época en la que portar ojos color fuego era considerado una bendición del Dios Sol, los grandes reyes -legítimos herederos de la corona- los llevaban como prueba irrefutable de pureza, linaje y potestad divina. El dorado era sinónimo de gloria.
Pero no todos los ojos ardían con la misma luz.
Los rubíes, tan intensos como la sangre viva, no eran vistos como un don, sino como una condena. A quienes los poseían se les marcaba con el estigma de la maldición, pues se decía que su origen no obedecía a la voluntad sagrada, sino a un designio oscuro e incomprensible. Nadie se detenía a cuestionar la verdad. Nadie quería hacerlo.
Y lo más cruel de todo... era que la realidad tras aquella creencia no era divina, sino profundamente injusta.
-No pareces un monstruo -susurró, con la voz temblorosa, aferrándose a lo que veía frente a él -. No como dicen los libros.
-Porque no lo soy -respondió él, con una calma que ocultaba años de rechazo.
Taehyung dio un paso más cerca, desafiando el miedo que le habían enseñado desde la cuna.
-Entonces... ¿qué eres?
Él sostuvo su mirada, dejando que el rojo de sus ojos brillara sin ocultarse.
-Dime tú -preguntó-. ¿Lo que ves te asusta?
Hubo un silencio denso, casi insoportable. Luego, una negación firme.
-No. Definitivamente no.