GatjensHER
En un reino donde el miedo es ley, el nombre del rey basta para hacer temblar a sus enemigos... y para mantener de rodillas a su propio pueblo.
Una palabra mal dicha, un gesto equivocado, y la sentencia es segura.
Un reino sediento de libertad.
Un monarca devorado por su propia ambición.
Y un arma de doble filo que podría salvar... o condenar a todos.
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-¿Acaso no sabes lo que tu padre ha creado, príncipe bastardo? -la voz del anciano resonó en el calabozo, tan fría como el hierro que nos rodeaba. Su risa, rota y burlona, vibraba con la locura de quien ya no teme a la muerte- No es espada ni ejército... es algo peor. Una sombra que respira, que caza, que obedece sin cuestionar-
Lo observé con cautela, intentando descifrar si sus palabras eran delirios o advertencia.
-¿Y por qué decírmelo a mí?-
Él se encogió de hombros, con una sonrisa amarga.
-Tal vez porque sé que algún día la buscarás. Y si lo haces... será porque has perdido el miedo a morir-
Su risa estalló de nuevo, rebotando entre las piedras húmedas como un presagio.
Frente a mí, entre el hedor y la penumbra, no solo había una advertencia.
Había la promesa de un encuentro que podría destruir al rey... o condenarnos a todos.
¿El arma del rey?
Oculta desde su nacimiento, forjada para matar, esperando a que alguien rompa su encierro.
Y tal vez... esperando a alguien que le ordene algo distinto convirtiéndose en la única esperanza para un reino en agonía.