bydurango
Grady Porcher es bueno. Si lo comparas con otros centros de la liga, probablemente entraría en el top diez en una que otra temporada.
Su gran defecto es que tiene demasiada afinidad con los problemas. Por esa razón, pasó de ser drafteado de un gran equipo de Nueva York, a jugar para Vancouver y que este equipo hiciera todo lo posible por querer deshacerse de él.
Así es como tienes a un jugador de casi veinticinco años, intentando reivindicarse con el hockey en una de las cunas del deporte: Toronto.
¿Cómo llegó el chico a ese equipo? Quizá es un misterio mal encubierto, porque su padre, Matthew Porcher, es un hombre influyente en la liga de hockey.
Por otro lado, Celine Lancaster es hija de la presidenta de comunicaciones de los Toronto Monarchs. O, mejor dicho, la mujer que prácticamente convirtió a los Monarchs en la franquicia más marketeable de toda la liga en los últimos siete años.
Celine creció rodeada de ejecutivos, patrocinadores y jugadores estrella. Sabe cómo funciona el hockey profesional, incluso si jamás se subió a unos patines. Elegante, inteligente y demasiado consciente de cómo la prensa puede destruir a alguien en cuestión de horas, ella evita a toda costa a hombres como Grady Porcher.
El problema es que Toronto decidió apostar por él.
Y ahora Celine tiene que trabajar con el jugador más problemático que ha pasado por la organización en años.