Libreateunrato
El silencio no cura las culpas del pasado; solo les construye un templo.
Huyendo de una ola de violencia y de un pecado que le corroe las entrañas, Sor Marta busca refugio en el Convento de la Inmaculada Sangre, un bastión de piedra carcomida y aislamiento absoluto enterrado en mitad de un páramo helado. Allí, bajo el yugo de un voto de silencio perpetuo, la joven novicia cree haber encontrado la anestesia perfecta para sus demonios.
Sin embargo, la paz claustral se quiebra durante las vigilias de la medianoche. Desde lo alto del Altar Mayor, el Cristo de la Obediencia -una imponente y sádica talla barroca del siglo XVII con ojos de cristal inyectados en sangre- empieza a hablar directamente en el interior de su cráneo. No es la voz de la misericordia divina; es un susurro seco, rancio y ancestral que exige sacrificios de carne y plasma para limpiar las manchas del espíritu.
Atrapada entre las paredes húmedas de una fortaleza que no permite los gritos, Marta descubrirá que la línea entre la fe, la locura y el martirio es tan delgada como el filo de un clavo oxidado. En este convento, las monjas callan, las criptas exhalan el olor de la putrefacción y la única redención posible se paga con la sumisión más horrenda. Porque cuando el altar exige devoción... la única opción es obedecer.
(En proceso)