Eliandresthore
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En el silencio de la cueva, Mukouda comprendió que Fel no quería su comida, quería su voluntad. Cada clic en la interfaz invisible era un clavo más en el ataúd de su libertad y no hubo trompetas ni gloria para Tsuyoshi Mukouda.
Mientras los tres "verdaderos" héroes eran bañados en luz y promesas, él fue arrastrado a las sombras de un calabozo de piedra, un error de cálculo en un ritual de invocación que no admite devoluciones. El miedo tiene un olor metálico, y Mukouda lo conoció bien cuando los ojos dorados de un Fenrir surgieron de la oscuridad.
No era el protector noble de las leyendas; era una deidad de pelaje erizado y hambre antigua que no buscaba un compañero, sino un juguete. Bajo la presión de una zarpa que trituraba su voluntad y el aliento fétido de la bestia sobre su cuello, Mukouda no eligió el valor, sino la supervivencia.
El pacto quedó sellado no con honor, sino con una marca de sumisión que quemó su alma, condenando al oficinista a un destino donde su habilidad para "proveer" será la cadena que lo mantenga vivo en un banquete de desesperación.