_Sw33y_
Un amor que sabía a café amargo y a azúcar robada.
Arlecchino creyó saber cuándo soltar, hasta que el liberica dejó de bastar y la ausencia comenzó a doler más que cualquier recuerdo.
Porque hay finales que no se van: se quedan esperando, tibios, como una promesa de pastel que nunca llega a cumplirse.
❝Arlecchino suspira, detestando el amargor persistente del café; no importa cuánta azúcar añada ni cuánto consuma, nada logra igualar la dulzura que era la presencia de Furina.❞