Abrilcxs
Adelise no era como las demás chicas de su edad. Mientras las jóvenes hablaban de bailes y vestidos, ella pasaba horas entre libros olvidados, en una biblioteca antigua donde el silencio hablaba más que las palabras.
Había algo en ella que parecía pertenecer a otro tiempo: sus modales, su forma de observar el mundo con una mezcla de nostalgia y esperanza, y esa extraña sensación de que siempre estaba esperando algo... o a alguien.
Una tarde de noviembre, con la niebla colándose por los cristales de la biblioteca, un joven cruzó la puerta de madera tallada. Tenía el porte de un príncipe exiliado: cabello dorado desordenado, ojos como un cielo invernal, y una forma de caminar que hablaba de batallas y coronas.
-Disculpa -dijo, con voz suave pero firme-. Busco libros sobre antiguos reinos... mapas, si tienen.
Adelise levantó la vista, intrigada.
-¿De historia... o de fantasía?
El joven sonrió, enigmático.
-A veces es lo mismo.
Desde ese momento, Peter -así se presentó- comenzó a visitar la biblioteca cada semana. Siempre buscaba cosas relacionadas con tierras lejanas, animales parlantes, leyendas sobre leones dorados y puertas escondidas entre bosques.
Adelise se sentía extrañamente atraída hacia él. No solo por su apariencia noble o sus modales impecables, sino porque él la miraba como si la conociera desde antes. Como si estuviera esperando reencontrarse con ella.