abitiquita
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Cuando el silbato sonó, el mundo de valentín se vino abajo. La bronca y el dolor le quemaban el pecho.
El vestuario era ahora el lugar donde podía descargar su frustración, por no haber jugado, por no haber podido hacer absolutamente nada para evitarlo.
Pero cuando tocas fondo, a veces aparece alguien dispuesto a meter las manos en el fuego solo por vos. Nico no iba a dejar que el colo se destruyera solo, aunque eso también significará tener que confesar ese secreto que venía guardando por meses.