Besidezayn_
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Hay personas que llegan a tu vida sin avisar y que, desde el primer momento, parecen destinadas a sacarte de quicio.
Para Ferran, Pedri fue exactamente eso.
Ferran acababa de incorporarse como fisioterapeuta del primer equipo. Era serio, metódico y exigente. Solo quería hacer bien su trabajo y mantener las distancias.
Pedri, en cambio, parecía decidido a poner a prueba su paciencia.
Bromista, despreocupado y con una facilidad desesperante para hacerlo enfadar, no tardó en convertir cada sesión de fisioterapia en una pequeña batalla.
- ¿Vas a estar así de serio siempre?
- ¿Vas a hablar siempre tanto?
- Probablemente.
Ferran suspiró.
Pedri sonrió.
Al principio solo fueron discusiones, pullas y miradas de desaprobación. Ferran pensaba que Pedri era un dolor de cabeza con piernas. Pedri estaba convencido de que aquel fisio necesitaba aprender a relajarse.
Pero, poco a poco, algo empezó a cambiar.
Entre bromas, sesiones y conversaciones que se alargaban más de lo necesario, descubrieron que detrás de sus diferencias había más en común de lo que imaginaban. Ferran empezó a esperar las bromas de Pedri, aunque fingiera que le molestaban. Y Pedri descubrió que aquel hombre serio tenía una sonrisa capaz de desarmarlo.
Lo que ninguno esperaba era que la línea entre el enfado y la atracción pudiera volverse tan fina.
Una mirada que duraba demasiado. Una mano que permanecía unos segundos más de lo necesario. Una preocupación que ya no parecía formar parte únicamente de su trabajo.
Ferran sabía que debía mantener las distancias.
Pedri sabía que quizá estaba cruzando una línea.
Y, aun así, ninguno podía ignorar lo que empezaba a sentir.
Porque aquello que comenzó como una rivalidad podía convertirse en algo mucho más grande.
O tal vez terminaría haciéndoles daño.
Algunas historias merecen una oportunidad. Otras están destinadas a quedarse en un «qué habría pasado si...».
Y ellos todavía no sabían cuál sería la