vii_05
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-¿No sabes estar callado durante cinco minutos?
-¿Y tú no sabes poner una expresión mínimamente agradable?
Desde ese momento, Juanjo y Sandalio tuvieron una misión: sacarse de quicio el uno al otro.
El problema es que, cuanto más tiempo pasaban juntos, más difícil era distinguir dónde terminaba el odio... y dónde empezaba algo completamente distinto.