Delfiivda
Nicolás Paz llega a la concentración con una convocatoria que debería ser un sueño... pero se siente como una prueba. En un lugar donde todos se conocen, Nico intenta no llamar la atención. No quiere que lo miren como "el nuevo", ni como "el distinto". Solo quiere jugar.
Valentín Barco, en cambio, tiene la costumbre de hablar de más, de provocar sin medir consecuencias, como si todo fuera una joda hasta que deja de serlo. Y Nico, que ya viene al límite, se lo toma personal. Demasiado.
En la previa de un Mundial, cuando todo se siente intenso y definitivo, odiarse parece lo más fácil. Lo difícil es admitir que, entre tanto "odio" , hay algo que empieza a parecerse a una conexión.