missnooe
La avaricia nace del deseo insaciable de poseer más de lo que ha sido concedido. No surge a la luz del día, sino que crece en la sombra del corazón, allí donde la envidia y la codicia susurran promesas falsas que corrompen el alma poco a poco.
Quien se entrega a ese anhelo olvida que todo lo dado proviene del Todo Poderoso, y que pretender apropiarse de lo que no le pertenece es desafiar el orden divino. Ningún acto de ambición desmedida queda sin consecuencia; toda transgresión es una semilla de perdición.
Cuando la avaricia se disfraza de poder, cuando busca dominar vidas, tierras o destinos, el equilibrio se rompe. La sangre inocente derramada en su nombre clama justicia desde la tierra, y su lamento asciende hasta los cielos, donde ninguna culpa pasa inadvertida y ningún pecado permanece impune.
Porque el poder nacido de la avaricia jamás prospera. Todo aquello construido sobre el sufrimiento ajeno está condenado a caer, arrastrado por el peso inevitable de su propia culpa.