Fragola5252
Cuando era niño, Billy pensaba que la presentación sería lo mejor que le podría pasar.
Le dejarían comer lo que quisiera.
Helado, galletas, cualquier cosa que lo hiciera sentir mejor.
Dejaría de tener el aroma a leche de un cachorro y empezaría a desarrollar el suyo propio.
Uno sutil, como el de su padre, o uno más fuerte, como el de su madre.
Sus colmillos crecerían, lo suficiente para defenderse por su cuenta, para proteger a cualquiera que necesite su ayuda.
Y lo más importante, estaría en el nido de mamá, recibiendo el cálido abrazo de sus padres, siendo perfumado, durmiendo por horas hasta que la fiebre baje.
Pero ahora, que por fin era lo suficientemente mayor para presentarse, descubrio que no era nada de eso.
Las presentaciones eran una mierda.