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Un Príncipe nació cuando la tercera estrella se alineó en el infinito cielo nocturno que acechaba a la humanidad. Y el Supremo se preparó para recibir a quién llevaría la alegría y el color a los mortales, sin imaginar que semejante Príncipe poseedor de ese don causaría un revuelo en su Reino, y también, en uno de sus Príncipes más cercanos.
Devin denominó a Johann como la tentación en persona. Lo bautizó como el pecado en un cuerpo de carne y hueso. Y como la desgracia entre telas de seda y lino, que enloquecieron a su Príncipe más cercano y en el que más confiaba.