KoreAvazini
A unos días de jugarse la vida en el inicio de la Liguilla, Armando "La Hormiga" González y Brian Gutiérrez deberían estar pensando en la cancha, pero la noche en el antro tiene sus propias reglas.
Entre tragos traicioneros y bromas cargadas de doble sentido, ninguno de los dos piensa admitir lo obvio. Un par de camisas abiertas al pecho, cadenas de oro brillando en la penumbra y miradas que queman bastaron para darles un microinfarto mutuo. Brian disimula la obsesión que ha empezado a sentir por su compañero, mientras Armando ahoga en alcohol una inquietud que no sabe cómo nombrar.
Una chica parece estar jugando con ambos desde la distancia. Es la excusa ideal. Brian, leyendo el ambiente y llevado por un impulso sin filtro, le suelta la idea a Armando: "Un trío, chingue su madre".
La propuesta frena en seco a Armando. El torneo está encima y Brian es su mejor amigo, pero la imagen mental de tenerlo ahí mismo, desnudo, a centímetros de distancia aunque haya alguien de por medio, afloja cualquier barrera. Para Brian es aún peor: la sola idea de ver a Armando desinhibido, vulnerable y ardiendo de deseo le enciende la sangre.
Perdidos entre la adrenalina, el morbo y unas cuantas copas de más, la línea entre la amistad y el deseo se borra por completo.