FMedellin
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Ariel pasa los días entre la grasa del taller de su padre y las noches destruyendo neumáticos ajenos en la calle. Cree que su talento y su arrogancia bastan para salir ileso de cualquier curva.
Hasta que Herman entra por la puerta.
Un Audi de lujo en el taller es una tentación demasiado fácil. Ariel lo saca a correr una noche sin saber que está a punto de enfrentarse a su dueño: el hombre que controla las apuestas, las calles y una red criminal que opera fuera de la vista. Herman no necesita alzar la voz. Le basta ese error para ponerle una soga al cuello y arrastrarlo a su terreno.
Lo que Herman no le dice es que ya lo estaba observando desde antes. Que hay algo en la forma en que Ariel maneja -en cómo se niega a ceder, en cómo escala cuando debería frenar- que le recuerda a alguien que perdió hace años y no ha vuelto a nombrar.
Pero Herman confunde tener a Ariel acorralado con tenerlo bajo control. La presión no lo somete: lo vuelve impredecible. Y entre amenazas disfrazadas de favores y noches que ninguno de los dos admite esperar, la deuda empieza a parecerse demasiado a otra cosa.
Ariel descubre que hay una parte de él que responde a todo esto. Que la arrogancia se le está convirtiendo en algo con filo. Que cada línea que cruza le cuesta menos que la anterior.
Para cuando entienda que Herman nunca quiso su obediencia -solo saber hasta dónde era capaz de llegar-, ya habrá alguien muerto por su culpa, y ninguno de los dos podrá fingir que esto todavía se trata de un coche robado.