Sara-Danna
Con el espacio reducido y la música a tope, los cuerpos se juntaron. Brian, ya lelo por los tragos y con las mejillas encendidas, tomó a Jordán de la cintura por pura inercia para no irse de boca. Jordán, sintiéndose minúsculo frente al metro ochenta y cinco del gringo, sonrió con malicia.
-¿Eres de Miami? -le gritó Jordán, pegado a su pecho.
Brian frunció el ceño, confundido.
-No, soy de Chicago.
Jordán soltó una carcajada.
"Lo que tiene de guapo lo tiene de pendejo", pensó, y en su mente completó "De mi amigo".