Maguimc
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Tras la muerte de su padre, la mansión familiar las recibió a ella y a su madre con pasillos helados pero personas amables. Alice Guinevere creyó que la mudanza sería tranquila pero pronto descubrió un diario de tapas gastadas. Al abrirlo, le sorprendió la advertencia de su padre:
«Alice. Si estás leyendo esto, ya no puedo protegerte. No escuches los susurros de esta casa. No bebas de sus copas, no pruebes sus dulces y, sobre todo, jamás confíes en las sonrisas de quienes habitan la Mansión Guinevere. Este País de las Maravillas del que tanto te hablé no es una fantasía sino una jaula, aquí nadie es lo que parece. Huye antes de que sea tarde»
El reloj del pasillo dio las ocho, afuera, un conejo blanco atravesó el jardín a toda prisa, deteniéndose justo bajo su ventana para mirarla fijamente.
El juego había comenzado, pero esta vez, la madriguera no conducía a un sueño.