EnanadeLali
Mikey siempre fue la risa donde otros veían peligro, la chispa donde la oscuridad intentaba apagarse. Era la voz ligera que hacía que sus hermanos respiraran cuando el mundo parecía demasiado pesado.
Nadie imaginaba que detrás de cada broma hubiera un silencio guardado, una pequeña sombra que él escondía para que los demás no tuvieran que cargarla.
Él sabía sonreír como nadie...
pero pocas veces sabía cómo sostenerse a sí mismo.
Entonces llegó Candela.
No llegó con estruendo, ni con luz cegadora: llegó como una melodía suave que parecía conocida desde siempre. Una presencia tranquila, cálida, casi susurrada... como si el alma reconociera algo que la mente todavía no podía explicar.
Ella tenía esa forma tan especial de mirar despacio, de escuchar incluso lo que él no decía, de quedarse cuando él ya creía haber aburrido a todos con su humor interminable.
Y sin proponérselo, Candela fue encontrando cada rincón que él tapaba con chistes.
Mikey, que siempre había sido quien levantaba a los demás, descubrió lo que se sentía ser sostenido.
Con ella, la noche no dolía.
Con ella, los miedos perdían volumen.
Con ella, el mundo parecía menos hostil.
y Mikey, por primera vez, no quiere despertar.