DavidZ1J
Hay recuerdos que no se desvanecen con la luz del día.
Hay silencios que pesan más que la noche.
En Tardes Blancas, la mente se convierte en el escenario más peligroso: pensamientos que se repiten, culpas que no descansan y una realidad que comienza a resquebrajarse. Lo cotidiano deja de ser seguro, y lo familiar se vuelve inquietante.
Mientras los días avanzan, el protagonista se enfrenta a una verdad incómoda: no todo lo que se rompe hace ruido, y no todo lo que duele se ve. Entre recuerdos fragmentados, decisiones equivocadas y una atmósfera opresiva, la línea entre lo real y lo psicológico se vuelve cada vez más difusa.