VGpaula
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EN PAUSA TEMPORALMENTE
Dicen que hay voces que pueden poseerte. Que pueden deslizarse dentro de ti, abrirte en dos y hacerte olvidar dónde terminas tú y dónde empieza el otro.
Ville Valo no es un hombre. No del todo.
Cuando lo conocí en su mansión en Helsinki, supe que había cometido un error. Era demasiado tarde para escapar. Su mirada era un abismo y su sonrisa, la promesa de algo que mi cuerpo entendió antes que mi mente.
Y entonces cantó.
No fue solo música. Fue un roce invisible en mi piel, una presión entre mis muslos, una lengua incorpórea recorriéndome la columna. Mi pecho subía y bajaba al ritmo de su voz. Mi sangre ardía, latiendo entre mis piernas, pidiéndolo, queriéndolo.
Él no me tocó. No tenía que hacerlo.
Sus notas se enredaron en mi carne, su voz me empujó contra algo que no estaba allí, algo que me abría y me poseía desde adentro. Me perdí en el ritmo, en la cadencia de su canto que entraba en mi cabeza, en mi boca, en mi vientre. Me arqueé, jadeé su nombre, mis dedos se crisparon sobre el sofá de terciopelo mientras un éxtasis oscuro me consumía.
Ville sonrió. Sabía lo que había hecho. Sabía que yo ahora le pertenecía.
"No quiero hacerte daño," susurró, con la misma boca que acababa de arrancarme el alma. "Pero si sigues escuchando... ya no serás tú nunca más."
No lo creí. Hasta que ya no supe quién era.
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