NANDAEfec
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Dicen que la magia murió cuando los dioses nos dieron la fe.
Que las criaturas ardieron, que los dragones cayeron, que el fuego fue purificado por la palabra sagrada.
Eso es mentira.
La magia no murió.
Aprendió a esconderse.
A veces despierta bajo la piel de una princesa, ardiendo en silencio, esperando el momento de consumirlo todo.
A veces duerme en la memoria de un general que juró lealtad a un rey, sin saber que su corazón ya había jurado algo antes.
Seis reinos se alzaron sobre la sangre de lo prohibido.
Uno gobierna en nombre de Dios.
Otro guarda el poder del agua, paciente, observador.
Y entre ambos, una promesa sellada por diplomacia... y por condena.
Porque cuando el fuego ama, no pide permiso.
Y cuando la fe intenta apagarlo, el mundo aprende a arder.