Valeriiia03
Nunca pensé que a los cuarenta y pico iba a estar escribiendo esto, pero acá estoy: con el pelo todavía oliendo a mar, las mejillas calientes -no sé si por el vino o por lo que pasó anoche- y la sensación clara de que este verano vino a sacudirnos la vida.
Somos cuatro. Cuatro mujeres que fingimos tener todo bajo control... cuando la verdad es que estamos a un mensaje, un roce o una mirada de perder la compostura. Valeria, Marcia, Marcela y Victoria. Nos conocemos del trabajo, sí, pero nuestras historias empiezan cuando se apaga el reloj. Afuera. Donde pasan las cosas que dejan la piel tibia y la mente un poco descarriada.
No sé en qué momento esta temporada se volvió tan intensa. Tal vez fue cuando Marcia apareció contando que un proveedor la miró "con intenciones claramente educativas", según ella. O cuando Victoria juró que el técnico que fue a su balneario le habló "con voz de locutor", esa que te sube y te baja sola. O quizá fue cuando yo sentí que alguien me miraba como si ya supiera demasiado de mí... sin conocerme.
Lo cierto es que algo cambió. Hay más risas, más secretos de los que se dicen en voz bajita, más confesiones que empiezan inocentes y terminan con calorcito en la nuca. Hay noches que parecen no querer terminar y encuentros que empiezan como casuales pero dejan el corazón golpeando en la costilla equivocada.
Si esto fuera un diario íntimo -y supongo que lo es- diría que estamos entrando en una etapa peligrosa. Esa donde una se atreve. A sentir, a desear, a mandar ese mensaje que no debería o a aceptar esa invitación que promete problema... pero del rico.
Y aunque no sé en qué va a terminar todo esto, sí sé algo:
La temporada alta no son los turistas.
Somos nosotras.
Y esta vez, no pensamos bajarle la intensidad.