EscritoraCurly15
Ser siempre la mejor estudiante, la mejor hermana, mejor amiga o la mejor hija era una historia que vivía casi todos los días.
Que mi hermano mayor fuera protector con cualquier chico, compañero o amigo suyo que se me acercará e intentarán ligar conmigo, lo podía ver todos los días.
Pero que haya un amigo distinto a los demás, un amigo que es más cercano, que ha asistido a las cenas familiares y festivas con mi hermano, quien me ha visto en ropa de vagabunda, con mi cabello hecho girones o con baba fresca en mis mejillas después de levantarme, quien se queda casi siempre a dormir en el sofá cuando su amigo no tiene espacio en su habitación.
Esas noches, en medio de la madrugada, cuando a uno se le antoja ir por un vaso de agua por la urgencia de sed y te le quedas viendo aquel rostro serio, pacifico y tranquilo, preguntándote si haría otra expresión de alegría o ver su real sonrisa.
Eso siempre me preguntaba cuando nuestras miradas se topaban en mi casa, cuando nos incluían en cada salida con mi hermano o cuando él iba por mi a la escuela, de acompañante.
Todo menos verlo con aquella mirada ardiente, besar cada rincón de mi cuerpo y que me produjera más de un orgasmo aquella noche.
¿Qué error había cometido?