JRAL24
Cuando Thalyndor cayó, no fue un reino lo que murió, sino el equilibrio entero del mundo.
La luz se desgarró como carne, el bosque gimió bajo un peso invisible y los antiguos pactos se quebraron sin testigos.
Desde aquel día, la oscuridad no avanzó, devoró.
Montañas enteras perdieron su eco, ríos se petrificaron en mitad de su cauce, y criaturas que una vez caminaron bajo la bendición de la magia ahora vagan huecas, sin nombre y sin alma.
Los siete reinos sobreviven solo porque la muerte aún no ha elegido cuál tomará primero.
Las estrellas, antes guía de los viajeros, se apagaron una a una; y los videntes, los pocos que aún conservan visión, murmuran que el cielo guarda un silencio demasiado parecido al de una sepultura abierta.
En las ruinas antiguas se mantiene una verdad que nadie quiere leer: catorce marcas doradas, nacidas en una misma luna sangrada, fueron arrancadas del destino que les pertenecía.
Y junto a ellas, un heredero oculto, sellado lejos incluso del recuerdo, pues su existencia podría romper la última frontera que separa al mundo del abismo.
Cuando la marca vuelva a arder, no será un presagio de salvación, sino el aviso de que las sombras al fin han encontrado lo que buscaron durante generaciones.
Y cuando lo encuentren... ni la tierra, ni el bosque, ni el tiempo serán capaces de contener lo que despierte.