jacinta25
Izan escribe cartas para su abuelo tres veces por semana desde los nueve años. Él las lee con gusto y las responde apenas llega. Toda una larga rutina hecha por diez años, que un día se ve interrumpida. De un momento al otro ya no hay más respuestas con previo aviso, ni cartas que quedaron en el correo postal por equivocación.
Sin el apoyo de sus padres, que dicen que sólo es una demencia ocurrente del anciano, Izan debe investigar por su cuenta cueste lo que cueste, a pesar de estar comenzando sus estudios universitarios.
No quiere perder a su abuelo, quiere verlo aunque sea una vez más.