Loattorres
jayro estaba confundido.
No sabía qué hacer.
Se encontraba atrapado entre la espada y la pared, frente a una decisión que no ofrecía términos medios. Su padre y su hermana siempre habían sido lo más importante en su vida. Su razón. Su hogar.
Y ahora debía alejarse de ellos.
No porque quisiera.
Sino porque, si permanecía a su lado, los expondría a un peligro que ni siquiera él comprendía del todo.
Eso era lo que más lo desgarraba.
No sentía miedo por sí mismo.
Lo que lo atormentaba era la incertidumbre. La necesidad desesperada de tener una garantía, una mínima certeza de que volvería a verlos algún día.
Pero no la tenía.
Y lo sabía.
Bajó la mirada, apretó los puños y el remordimiento comenzó a corroerlo por dentro.
-¿Por qué lo hago...? -susurró para sí.
Nadie lo estaba obligando.
Nadie le apuntaba con un arma.
Podía marcharse. Podía negarse.
Pero algo dentro de él no se lo permitía.
Era como una voz silenciosa, constante, que repetía una sola cosa: es lo correcto.
Y esa convicción lo estaba consumiendo.
Quería hacerlo.
Sentía que debía hacerlo.
Pero también quería quedarse. Protegerlos. No dejarlos solos frente a un mundo que comenzaba a volverse inestable.
La contradicción lo partía en dos.
Alzó la vista hacia el cielo, buscando respuestas donde sabía que no las encontraría.
-¿Por qué...? -murmuró con la voz quebrada-.
¿Por qué te fuiste?
El viento no respondió.
Sus ojos se endurecieron ligeramente.
-¿Cómo se supone que pelee contra seres de otra dimensión?
Y en esa pregunta no había desafío.
Había impotencia.
Pero, en el fondo de esa impotencia, comenzaba a encenderse algo más peligroso:
Determinación.