AzaelYor22
El mundo se desvanece entre acordes de violín y notas de piano, como si cada emoción encontrara refugio en una sinfonía etérea, donde el alma se disuelve entre vibraciones que estremecen y consuelan. La música se convierte en el lenguaje secreto de lo intangible una danza invisible entre satisfacción y melancolía.
Pero... ¿qué ocurre cuando esa armonía se ve desgarrada por manchas de sangre?
Las notas, antes puras, se distorsionan: se tuercen en formas grotescas, más intensas, más crudas. Y en medio de esa nueva cadencia nace una voz: la del locutor. Carismática, hipnótica, como si cada palabra tejiera un hechizo entre las teclas y las cuerdas. Su discurso se vuelve una melodía en sí misma, susurrando al oído del compositor como un veneno dulce.
La colaboración entre ambos trasciende lo artístico. Se convierte en un pacto. Un secreto compartido sellado con cada pieza, con cada crimen escondido entre pentagramas y versos. Las manos del compositor, antes dedicadas al arte, ahora tiemblan no solo por la belleza que crean, sino por la sangre que no pueden lavar.
Y así, hasta el último acorde de sus vidas, guardan el secreto... mientras el mundo sigue escuchando, sin saber que está aplaudiendo una sinfonía de pecado.