dylsrain
✶ . . . En las notas al pie de los escritos del Septón Eustace aparecía un nombre que, durante años, había permanecido olvidado entre los registros del período de la Danza de los Dragones.
Aella Targaryen era ese nombre.
Nacida durante el exilio de su padre, Aella jamás quiso asumir ningún tipo de responsabilidad. Deseaba una sola cosa: conocer el mundo y vivir libremente, de la forma que bien le pareciera.
Sin embargo, aunque hubiera crecido lejos de las intrigas de la corte, Aella seguía siendo una princesa. Y, como cualquier otra, cargaba con deberes que le habían sido impuestos incluso antes de que tuviera conciencia de sí misma: la perspectiva de un matrimonio arreglado y la lealtad a los juramentos pronunciados por su padre.
Y, en medio de los dilemas que enfrentaba, estaban las cartas que intercambiaba con un joven norteño que la cautivó en el instante exacto en que lo vio: Cregan Stark, el señor de Invernalia. Intentando escapar de un posible compromiso, Aella ideó un plan: fingir un compromiso con el Lobo del Norte y respaldarlo con las innumerables cartas que había guardado durante años.
Ahora, con las crecientes tensiones entre los Negros y los Verdes, Aella se ve obligada a tomar una decisión: continuar con la farsa y mantener a Cregan a su lado, o decir la verdad y arriesgarse a perderlo.
Esta no es una historia sobre tronos.
Es una historia sobre elecciones.
Y sobre todo aquello que los libros olvidaron relatar.
(©) Una historia original de: @aellabloom
(©) Traducida al español por: @dylsrain
(✓) Traducción autorizada.