wtfsophiee
- Прочтений 113
- Голосов 21
- Частей 3
"Era una noche fría en la que Rhaenyra, de apenas diecinueve días del nombre, entró en labor de parto. Por orden del rey, los mejores maestres fueron llamados para atenderla y dio comienzo un banquete de celebración por el segundo vástago de su amada hija. Sin embargo, Viserys padeció la misma sensación punzante en el pecho que sintió el día en que murió su esposa, Aemma.
La princesa pasó dos noches más en agonía. No había quien durmiera en la fortaleza. El llanto de la princesa era agudo y tortuoso; los gritos desgarraban las grandes paredes y dejaban un eco aterrador en las ventanas. Los maestres ya habían intentado persuadir a Ser Laenor, quien, en cuanto vio la expresión en el rostro de uno de ellos cuando se acercó, le gritó que lo quemaría vivo con su dragón si su esposa moría esa noche.
En la tercera noche hacía un calor infernal. Se habían abierto todas las ventanas y ahora la ciudad entera era cómplice del sufrimiento de la princesa heredera. Se dice que incluso en el imponente septo era donde más resonaba el eco de los llantos de una madre adolorida. Algunas septas comentaron que las velas se apagaron de repente y que, por unas horas, aquel templo quedó suspendido en una crisis de fe.
Porque los dioses habían decidido lanzar una moneda misericordiosa debido a las plegarias, entre llantos, de Rhaenyra y Laena. Pero también fue un desquite frente a la insolencia de una reina de la fe, quien llevaba tres noches seguidas orándoles a sus dioses para que se llevaran consigo a la princesa y a su pequeña criatura.
Aquella noche nació una princesa. Los dioses bajaron levemente la vista para verla mientras la moneda aún giraba en el aire y, cuando cayó, se acercaron con curiosidad a contemplar el destino de la niña. Soltaron unas cuantas risas y luego volvieron a desaparecer entre el humo de las velas ya apagadas."