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En la preparatoria, Kurobae y Dae-Hyu compartieron un verano breve y significativo. Kurobae era el chico alegre que iluminaba los pasillos, y Dae-Hyu, el estudiante ejemplar y reservado que encontraba en la vitalidad de Kurobae su única distracción frente a la presión de su padre militar. Fue un vínculo de inocencia interrumpido abruptamente por el tiempo y la distancia; tras la graduación, sus caminos se bifurcaron radicalmente: Kurobae cayó en el abismo de la deuda y la tragedia, mientras Dae-Hyu ascendió al poder en el Servicio de Inteligencia, convirtiéndose en el "acero" del sistema.
Años después, el destino los vuelve a cruzar, pero no como amigos, sino como opuestos irreconciliables:
El reencuentro: Kurobae, ahora un hombre roto que se ha infiltrado en las filas militares con un nombre falso para ejecutar su venganza, se encuentra cara a cara con Dae-Hyu, quien ha sido asignado para investigar una serie de "accidentes" sospechosos dentro de las Fuerzas Armadas.
Dae-Hyu siente una familiaridad inquietante con este soldado frío y calculador que, aunque parece un extraño, tiene los mismos ojos que aquel chico que conoció hace años. Por otro lado, Kurobae reconoce al instante a su antiguo conocido, pero lo ve ahora como la encarnación de todo lo que odia: el sistema que le arrebató su dignidad.