DaliaOrtega2
Los dioses no se han ido, nunca se fueron.
Pero con la caída de Tenochtitlan, la fé y la fuerza de su pueblo se fue apagando,se fue durmiendo.
Hasta que durante el primer equinoccio del año, todo cambió.
Su esencia permanecía oculta en los objetos que el museo de antropología de la ciudad de México resguardaba, hasta que aquella tarde un grupo de niños lo presenció y al leer una oración en voz alta, la luz de los nueve dioses los impregnó.
Se tomó una decisión y cada un eligió al niño que llevaría su fuerza y su poder, pues Tonatiuh les había advertido, que pronto surgiría una amenaza que prometía acabar con el quinto sol y con todo lo que existía en la actualidad.
Tendrían que unir fuerzas y enfrentarlo, pero se necesitaba el poder y la guía de un corazón puro, de un corazón que fuera leal así mismo y sobre todo a sus raíces.
¿Será este el fin de nuestra era?