Cuando tu vecino es un dios griego digno de ser alabado como se merece y deseas desesperadamente hablar con él, no se te ocurre otra cosa que llamar a su puerta y pedirle sal.
«Sonríe y no dejes de hacerlo hasta el último segundo.» me decía mentalmente.
Y así lo hice.
Porque ningún ataque impidió que Maxon hiciera su elección.
Pero no sólo el príncipe puede hacerla.