NataliaElizabeth0
Tenía apenas ocho años cuando mi familia comenzó a congregarse. Sí, lo hicieron buscando un milagro para mí, pero Dios nos regaló mucho más: una nueva vida. Una vida que dedicaríamos solo a Él.
Sin embargo, no todo fue color de rosa. Ser adolescente y agradar a Dios al mismo tiempo no siempre es fácil.
Aquí va mi historia. Pero recuerda: Dios te ama, quiere tener un trato especial contigo y, al igual que yo, atravesarás tu propio desierto. Te contaré cómo superé el mío, para que encuentres esperanza y fuerzas para seguir agradando a Dios de todo corazón.