Nilupo0615
Después de la batalla final en el Valle del Fin, con el mundo ya en paz y la Cuarta Gran Guerra Ninja convertida en historia, Naruto hace algo que nadie -ni siquiera Sasuke- esperaba: se rinde.
Frente a su rival, con el brazo perdido aún latiendo de dolor, Naruto le dice con voz cansada pero firme:
"Perder este brazo fue mi último acto de desesperación para traerte de vuelta. Ahora que todo acabó... ya no te voy a insistir más. No te voy a rogar. Puedes irte con Taka, convertirte en un ninja solitario o desaparecer para siempre. Eres libre, Sasuke. Y yo también lo soy. Me rindo."
Sasuke se ríe por dentro.
¿Naruto Uzumaki rindiéndose? Imposible. Ese idiota intenso, ruidoso y obstinado nunca se da por vencido.
Solo necesita quedarse cerca un tiempo, dejar que la rutina de la aldea y la cercanía diaria hagan su trabajo. Pronto Naruto volverá a perseguirlo, a rogarle que se quede, a recordarle que "son amigos" y que "el lazo entre ellos es más fuerte que todo". Siempre ha sido así.
Por eso Sasuke acepta la excusa perfecta: dejará que le implanten un brazo nuevo con células de Hashirama.
"Solo por conveniencia", dice. "Mientras me recupero, me quedaré en Konoha."
Pero los días y semanas pasan.
Naruto no lo busca. No lo espera en el puente. No aparece en su puerta a medianoche con ramen y sonrisas idiotas. No le dice "Quédate conmigo en la aldea". No le ruega. No insiste.
Y Sasuke, por primera vez en su vida, siente que el suelo bajo sus pies se mueve. Porque el Naruto que él conocía -el que siempre corría detrás de él- ha desaparecido. En su lugar hay un hombre que sonríe desde lejos, que lo saluda con cortesía y que, cuando sus miradas se cruzan, solo le dedica un gesto tranquilo que dice: "Ya no te persigo".
Ahora Sasuke tiene que enfrentar la verdad que nunca imaginó: Quizás, esta vez, Naruto realmente se rindió.
Y quizás, la única persona que quedó atrapada... es él.