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Morir debería ser el final de la historia... pero para mí fue el comienzo de un desastre glorioso. Desperté en el mundo de High School DxD... y no solo eso: ahora soy el hermano de Issei Hyoudou. Sí, ese Issei. El futuro Rey Harem, el pervertido legendario, el imán de problemas sobrenaturales. Mi plan era simple: vivir tranquilo, evitar demonios, ángeles caídos y dragones, y dejar que la historia siguiera su curso. Spoiler: no funcionó.
Porque, claro, el universo decidió que mi vida no era lo suficientemente caótica... y ahora tengo el Omnitrix en mi muñeca. Una reliquia alienígena capaz de transformarme en criaturas absurdamente poderosas. Mientras Issei obtiene su Sacred Gear y entra al mundo de demonios y ángeles, yo estoy tratando de entender por qué puedo convertirme en alienígenas mientras peleo contra monstruos, demonios y el desastre hormonal que es mi propio hermano.
Entre batallas sobrenaturales, transformaciones alienígenas y situaciones ridículamente incómodas, una cosa queda clara: el canon de DxD está oficialmente condenado. Porque ahora hay dos hermanos Hyoudou... y uno de ellos tiene el Omnitrix.