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3 stories
Lo que desata un beso (Saga los Bermont 1) by sofiadbaca
sofiadbaca
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Elizabeth es una joven acostumbrada a hacer su voluntad, juguetona y coqueta, sabía del poder que tenía sobre los hombres y lo usaba a placer. Por tal motivo, cuando se enteró de la llegada de ciertos caballeros, no dudó ni un minuto en proponer a sus primas conquistarlos por mera diversión. Sólo había una condición para ella; alejarse lo más posible del "Hombre de Hielo", porque a él todos le temían y le respetaban y seguramente si ella lo intentaba, resultaría en un desastre. Fue desafortunado que, en cuanto lo vio, el corazón de Lizzy se desbocó un poco, a pesar de que intentó evitarlo y sobre todo, deshacerse de la horrible sensación, parecía ser que el honorable hombre encontraba divertida la actitud de la mujer, ocasionando un verdadero embrollo del cual no podrían salir tan fácilmente y se verían obligados a conocerse mucho más, aunque no lo quisieran. [HISTORIA SIN EDITAR] [HISTORIA DISPONIBLE EN AMAZON] [TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS Y REGISTRADOS EN DERECHOS DE AUTOR, NO AL PLAGIO]
Jefe, quiero un hijo suyo © by ElenaPugaPascual
ElenaPugaPascual
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    Parts 25
"Jefe, quiero un hijo suyo" Sí, sé que no es lo mejor para decir cuando conoces a tu jefe por primera vez, pero ¿Qué culpa tengo yo de que él tenga unos genes tan buenos? Si él no fuese tan imponente, sexy y atractivo mi fiebre no me habría hecho actuar así, pero no, tiene que ser el hombre más impresionante que he visto en la vida. Y claro, va mi fiebre y se alía con mi libido gritándome a medio pulmón que me estoy haciendo vieja, que ahora que acabo de cortar con mi prometido, por haberme puesto los cuernos en mi propia cama, me llenaré de arrugas y viviré sola con 40 gatos y dos periquitos con complejo de Romeo y Julieta: Se muere uno, se mata el otro. Y eso no puede pasar. No, No. Me niego. Mi sueño siempre ha sido ser madre joven, mi primer hijo tiene que nacer antes de que yo cumpla 27, es decir, que tiene que ser fecundado en 3 meses. ¡Imposible! Me grita la Grecia inteligente. ¡Genes increíbles a estribor! Contesta la Grecia febril. Y decidme ¿Qué otra cosa podía hacer yo al ver esos genes hechos para mis hijos a menos de 3 metros? ¿No me odiarían mis hijos si no tienen consigo esos genes para ellos y se enteran de que fue por culpa mía, porque no me atreví a luchar por los genes que se merecían? ¿Qué pasa si mi hija tiene una nariz enorme o tiene facilidad para engordar al comer helado por mi culpa? No podía ser, asique cuando me habló y mi yo febril tomó el control, solo pude ser sincera. Jefe, quiero un hijo suyo. Vaya sorpresa me llevé cuando, en vez de mirarme por encima del hombro, ignorarme y congelarme con la su fría mirada como supuestamente el CEO "No estás a mi altura, así que ni te hablo, ni te miro" haría, aceptó. Aunque no me desmayé hasta que, sonriéndome de manera arrogante, dijo que una de las condiciones sería engendrar a nuestro hijo por el medio tradicional: Teniendo sexo. ¿Quien dijo que yo era gafe? El futuro lo dirá, nena
Me enamoré de la muggle equivocada by Merodeadora_Black_28
Merodeadora_Black_28
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    Parts 32
Un matrimonio por conveniencia. Un acuerdo entre familias. Un año para decidir el resto de sus vidas. Draco Malfoy ha sido educado para honrar la sangre, el apellido y las tradiciones. Cuando su familia pacta una unión estratégica que asegurará el futuro del linaje, él acepta sin cuestionar... porque eso es lo que hacen los Malfoy. Pero Alexandra no encaja en ese mundo. Tiene dieciséis años. Es brillante, observadora, y posee una mente que desafía incluso las conversaciones más complejas. Sin embargo, también arrastra la fragilidad de su edad: impulsiva a veces, testaruda otras, y con una chispa casi infantil que irrita profundamente a Draco. Tal vez sea la adolescencia. Tal vez sea la herida que aún sangra desde la muerte de sus padres. O tal vez sea el peso de haberse quedado sola en el mundo mágico, aferrándose únicamente a su hermana, Hermione. Lo que comienza como una convivencia tensa en la fría mansión Malfoy pronto se convierte en algo más difícil de controlar. Draco descubre que la inteligencia de Alexandra lo reta. Su vulnerabilidad lo desarma. Y su risa -esa que intenta ocultar tras orgullo y dolor- empieza a colarse en lugares donde jamás permitió que nadie entrara. Entre la oscuridad del deber y la luz incierta del primer amor, ambos deberán enfrentar una verdad peligrosa: A veces, el mayor acto de rebeldía no es desafiar a la familia. Es enamorarse de quien no estaba en los planes.