Spine_Breaker
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Él nació para dominar el mundo; ella, para enseñarle que incluso el hielo puede arder cuando mira al cielo equivocado...
Hay miradas que no observan: poseen.
Las de Taek Do-Jin eran así. Grises, frías como el hielo que no se derrite ni cuando arde el mundo. Ojos hechos para dominar salas, quebrar voluntades y recordar a todos quién mandaba sin decir una sola palabra. Do-Jin no pedía nada. Tomaba. Personas, decisiones, destinos. El control era su idioma natal.
Y entonces apareció ella.
Park Mi-na no entró en su vida como una amenaza, sino como un error del sistema.
Ojos azules, limpios, casi ingenuos, como un cielo que jamás había visto una tormenta.
Demasiado suaves para ese mundo.
Demasiado dulces para sobrevivir cerca de él.
Mi-na no sabía de guerras familiares, ni de apellidos que pesaban como condenas. Sabía de harina en las manos, de recetas heredadas y silencios que dolían más que los gritos.
Do-Jin la miró una vez... y ya no pudo dejar de hacerlo.
Primero fue posesión. Instinto. Territorio.
Después, algo peligroso: cuidado y talvez... amor.
Porque mientras él quería encerrarla lejos del daño -aunque fuera con cadenas invisibles-, Mi-na respondía con sonrisas tímidas y postres recién horneados, desarmándolo sin saberlo.
Ella no luchaba.
Ella suavizaba.
Entre miradas grises que quemaban y ojos azules que calmaban, nació una tensión imposible de ignorar.
Dos mundos opuestos.
Dos apellidos destinados a destruirse.
Porque cuando el hielo aprende a desear y el cielo se niega a huir, el amor deja de ser una promesa... y se convierte en una guerra.