Tiasuru
Un murmullo se cuela entre grietas quebradas,
de luz y de sombra, de lo que ya fue;
un latido vibra en la tela rasgada,
como si algo recordara a su vez.
Ecos de terror caminan sin suelo,
gimen los muros sin rumbo ni fe;
suspiros de amores que flotan al cielo,
bajo lunas de neón que ya no veré.
Brilla la fantasía en ríos dormidos,
en bosques que lloran con tristeza irreal;
la ciencia se curva en astros perdidos,
constelaciones giran sin un centro real.
Velos que ocultan verdades antiguas,
misterios que tiemblan tras el telón;
el tiempo se rompe en sus propias esquinas,
y siento que lo hace en cada ocasión.
De un ser nació todo:
una mujer que ya no respira ni está,
única, mortal, fugaz como todo,
amada por una diosa que no supo olvidar.
Y fue el dolor quien dio forma al origen,
cuando la diosa, en su eterno poder,
hiló de su amada los últimos vestigios
y los desdobló en hijas que pudieran nacer.
Hijas tejidas de luz y penumbra,
con un fragmento ardiente de aquel querer;
cada una lleva la chispa difunta
de la pasión que no pudo renacer.
Ruidos digitales, crujidos de acero,
el alma del mundo latiendo en red;
colores que rasgan la piel del silencio,
el pulso del todo temblando otra vez.
Y así comienza la sinfonía escondida,
una odisea sin brújula ni compasión;
pasiones y horrores en danza vencida,
traiciones que sangran sin redención.
Redenciones que arden como estrellas rotas,
secretos que esperan su reencarnación;
reposan callados en grietas remotas,
fuera del tiempo... más allá de la razón.
Este no es un viaje de corazón blando,
es un salto ciego hacia lo irreal;
perderse mil veces, seguir recordando,
y reencontrarse en un mundo fractal.
-¿Te atreves a cruzar lo que no se nombra?
¿A mirar lo que late más allá de la sombra?-